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San Alberto Magno: El «Doctor Universal» y su extraordinario trato con la Virgen María

En 1278, mientras impartía clases, San Alberto Magno experimentó súbitamente una pérdida de memoria y la agudeza de su entendimiento le falló.

Cada 15 de noviembre, la Iglesia Católica conmemora a San Alberto Magno (1193/1206-1280), una figura monumental de la cultura medieval, Doctor de la Iglesia y patrono de los estudiantes de ciencias naturales. Su apodo, Magnus («grande» en latín), es un merecido reconocimiento a su vasta erudición, lo que le valió también el título de «Doctor Universalis» (Doctor Universal).

Un Dominico en la Cima del Conocimiento

Nacido en Lauingen, Alemania, San Alberto ingresó a la Orden de Predicadores (dominicos) mientras estudiaba en Padua. Su talento lo llevó a ser profesor en la prestigiosa Universidad de París, el centro intelectual de Europa. Su fama como maestro fue tal que sus clases debieron trasladarse a la plaza pública para acoger a la multitud de estudiantes. Esta plaza es hoy conocida como la Plaza de Maubert, una contracción de “Magnus Albert”.

Su curiosidad y capacidad intelectual lo impulsaron a explorar casi todas las ramas del saber de su tiempo:

Ciencias Naturales: Filosofía, física, geografía, astronomía, mineralogía, alquimia (química). Se le atribuye el descubrimiento del arsénico y una explicación temprana de la Tierra como cuerpo esférico.

Teología y Humanidades: Retórica, teología, Biblia.

Entre sus discípulos más destacados se encuentra Santo Tomás de Aquino, otro gigante de la Iglesia. Además, fue superior de la Orden en Alemania, rector de la universidad de Colonia y obispo de Regensburg (servicio al que renunció para dedicarse a la enseñanza). Fue el gran iniciador de la escolástica, el movimiento cultural educativo que transformó Europa.

El Secreto de su Memoria Prodigiosa: Un Pacto de Fe

Pocos saben que el inmenso conocimiento de San Alberto Magno no fue adquirido solo por su esfuerzo, sino también gracias a una intervención celestial.

Siendo joven, le costaba enormemente dedicarse al estudio. Desesperado, una noche intentó huir de su colegio. En la parte superior de unas escalinatas, divisó una imagen de la Virgen María.

La Madre de Dios le habló, revelándole el secreto para superar sus dificultades:

«Alberto, ¿por qué en vez de huir del colegio, no me rezas a mí que soy ‘Casa de la Sabiduría’? Si me tienes fe y confianza, yo te daré una memoria prodigiosa. Y para que sepas que fui yo quien te la concedió, cuando ya te vayas a morir, olvidarás todo lo que sabías.»

El santo aceptó este «trato». Su memoria y agudeza intelectual se volvieron legendarias.

El Epílogo de la Promesa

En 1278, mientras impartía clases, San Alberto Magno experimentó súbitamente una pérdida de memoria y la agudeza de su entendimiento le falló. Al recuperarse, comprendió el significado de este evento: era la señal de que la promesa de la Virgen se estaba cumpliendo y su final estaba cerca.

Dos años después, en 1280, San Alberto murió apaciblemente. Su vida nos deja un poderoso mensaje, resumido por el Papa Benedicto XVI: «entre ciencia y fe existe amistad, y que los hombres de ciencia pueden recorrer, mediante su vocación al estudio de la naturaleza, un auténtico y fascinante camino de santidad.”

Con Informacion de Aciprensa.