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El fantasma del caos acecha al Zulia: El desespero por la gasolina, los apagones y la sed revive el temor de los «días negros»

El panorama se agrava porque el suministro de agua potable viene presentando fuertes inconsistencias de bombeo que dejan secos a los sectores populosos, mientras que los crueles y desproporcionados cortes eléctricos regresan sin piedad en medio de las intensas olas de calor que azotan a la región.

En el Zulia se respira de nuevo una tensa e incómoda incertidumbre. Desde hace unos días, el habitante de la tierra del sol amada camina, maneja y trabaja con un nudo en el estómago: el persistente temor de que la peor crisis de servicios públicos y desabastecimiento de combustible —aquella que postró a la región hace apenas un lustro— esté de regreso.

Los síntomas de un pasado caótico y no tan lejano han vuelto a tomar las calles. Las estaciones de servicio en Maracaibo y el resto del estado muestran colas kilométricas que crecen a un ritmo alarmante con el pasar de las horas. La parálisis parcial de la movilidad trastoca de inmediato la salud mental de una población que aún padece el estrés postraumático del colapso energético.

La memoria de la penumbra

Para los hijos de la tierra de Udón Pérez es imposible no recordar el calvario vivido durante la gestión del economista Omar Prieto. Aquellos fueron días verdaderamente oscuros, marcados por usuarios pernoctando hasta tres jornadas consecutivas en las adyacencias de las gasolineras para surtir apenas unos litros del preciado líquido. Ese freno afectó el acontecer diario de los zulianos, golpeando de forma crítica el transporte alimentario, la comercialización de bienes esenciales, la distribución y, el sector más sensible de todos, el sistema de salud.

Aquel calvario se sufría a ciegas y a altas temperaturas, teniendo que lidiar en paralelo con severos y prolongados racionamientos eléctricos diarios, combinados con una aguda sequía por fallas estructurales de bombeo.

A finales del año 2021, una bocanada de aire fresco y esperanza llegó a la región de la mano de Manuel Rosales tras ser electo gobernador. De forma progresiva, la cotidianidad del zuliano recuperó cierta estabilidad: las colas en las estaciones de servicio comenzaron a desaparecer, los cortes eléctricos se minimizaron notablemente —pese a no ser una competencia directa de la gobernación— y la distribución de agua potable mostró una mejoría que devolvió la tranquilidad a los hogares.

Vuelven los fantasmas: El clamor de un pueblo que no quiere retroceder

Hoy, cuando ha transcurrido prácticamente un año desde que el ingeniero Luis Caldera asumió la conducción del Palacio de los Cóndores, esos viejos y temidos fantasmas vuelven a asomar la cabeza en la tierra de Urdaneta.

La realidad en las calles es inocultable desde hace aproximadamente cinco días. Las colas en las gasolineras están a la luz del día y, junto con ellas, florecen nuevamente las viejas mañas: el desespero colectivo, denuncias de focos de corrupción en los despachos, bomberos haciendo de las suyas en las islas y la reaparición de los denominados «bachaqueros» del combustible.

El panorama se agrava porque el suministro de agua potable viene presentando fuertes inconsistencias de bombeo que dejan secos a los sectores populosos, mientras que los crueles y desproporcionados cortes eléctricos regresan sin piedad en medio de las intensas olas de calor que azotan a la región.

Aunque el gobernador Luis Caldera expuso recientemente en una alocución oficial la activación de un plan de emergencia para restablecer la normalidad en la distribución de combustible —atribuyendo la contingencia a una demora logística de 14 horas en el traslado desde el estado Falcón—, las soluciones no terminan de palparse en el asfalto. Los días avanzan, las filas de vehículos se acrecientan, el calor causa estragos y la sed invade las comunidades. El pueblo zuliano pide a gritos respuestas concretas y efectivas a las autoridades competentes; la consigna en las calles es una sola: el Zulia no quiere, ni puede, volver a sus días más negros.

Luis Molero.

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