Expertos analizan el fenómeno que dejó a La Guaira como epicentro de la tragedia: una combinación letal de energía sísmica a «quemarropa», suelos sedimentarios inestables y posibles fallas en las normativas de construcción.
La estampa de edificios colapsados y familias bajo los escombros en el estado de La Guaira ha dejado al país con una interrogante dolorosa: ¿Cómo es posible que tantas edificaciones se desplomaran con tal facilidad? A medida que avanzan las labores de rescate, geólogos e ingenieros civiles coinciden en que la respuesta no es unívoca, sino el resultado de un «cóctel» de tres factores críticos.
1. El impacto a «quemarropa»: Energía concentrada
Aunque los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 tuvieron sus epicentros en el estado Yaracuy, la costa de La Guaira fue castigada con una violencia inusitada debido a la falla de San Sebastián. Esta fractura geológica, que corre paralela a la costa bajo el lecho marino, liberó una energía descomunal justo frente al litoral.
Estudios técnicos del USGS y del Instituto Nacional de Geofísica de Italia revelan que el desplazamiento de la tierra alcanzó los 3,6 metros en el fondo marino frente a Catia La Mar. «El impacto fue a quemarropa», explica el profesor José María de Viana. La combinación de una larga duración, poca profundidad y una ruptura horizontal convirtió al borde costero en el receptor directo del mayor potencial destructivo del evento.
2. La trampa del suelo: Amplificación y sedimentos
La geografía de La Guaira jugó un papel determinante. Según Michael Schmitz, profesor de geofísica, la composición del terreno es heterogénea y, en muchos puntos, extremadamente vulnerable:
Efecto de cuenca: En ciudades como Caraballeda, existen cuencas profundas donde los suelos blandos actuaron como un filtro, amplificando brutalmente el movimiento sísmico.
Sedimentos inestables: Muchas zonas están asentadas sobre conos fluviales y suelos parcialmente consolidados tras los deslaves de 1999. Estos sedimentos de resistencia intermedia no ofrecieron el soporte necesario para resistir las ondas de alta amplitud, facilitando el colapso estructural.
3. Dudas sobre la calidad constructiva y normativas
El tercer componente, y quizás el más polémico, es la integridad de las edificaciones. La interrogante sobre si se cumplieron las normas sismo-resistentes (vigentes desde los años 70) es inevitable. Investigadores de la Universidad Central de Venezuela señalan que, tras las tragedias pasadas, muchas viviendas fueron reconstruidas sin una supervisión técnica rigurosa.
El escenario se torna aún más crítico ante las denuncias de rescatistas internacionales, quienes han reportado hallazgos alarmantes entre los escombros:
Materiales deficientes: Uso de poliestireno expandido en elementos estructurales.
Vicios ocultos: Pilares carentes de refuerzos metálicos (cabillas) y recubrimientos de hormigón insuficientes.
«Seguramente hubo negligencia», afirma la investigadora Ruth Quereguán, sugiriendo que la corrupción en la aprobación de permisos y el uso de materiales de baja calidad podrían haber convertido a edificios residenciales en trampas mortales.
Mientras los equipos de rescate continúan su labor, la comunidad científica venezolana coincide en que, una vez superada la emergencia, será imperativo realizar auditorías técnicas para determinar cuántas vidas pudieron salvarse de haberse respetado los protocolos de seguridad que hoy, en el mapa de la tragedia, parecen haber sido ignorados.
Albert News-Relámpago Zuliano.















