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Más allá de los escenarios, Sarabia confiesa que con los años comprendió un significado más profundo del arte.
En el ecosistema musical donde convergen tradición, memoria y nuevas búsquedas, surge una artista que no teme cruzar fronteras ni derribar moldes. Mariangel Sarabia, zuliana de raíces divididas entre Barranquilla y Maracaibo, vuelve a su tierra en pleno cierre de las Ferias de la Chinita para anunciar algo más que un regreso, el nacimiento de una etapa musical donde el vallenato se reinventa sin perder su alma.

Su historia ha estado marcada por escenarios que forjaron carácter y disciplina. Antes de asumir su identidad como solista, Sarabia absorbió lo mejor del mundo tropical dentro de Las Chicas del Can. Esa experiencia —que ella describe como una escuela de rigor, energía y respeto por lo que se representa en tarima— se convirtió en el cimiento de lo que hoy define como su “realidad musical”.
“Todo lo que aprendí dentro de Las Chicas del Can lo traigo ahora a mi nueva era. Pasó de ser un proyecto a convertirse en una verdad que me despertó en mi segundo país, Colombia”, comparte. Desde ese despertar, la artista decidió honrar su linaje materno barranquillero y el amor paterno zuliano que siempre estuvo ligado al folclor. Ese puente emocional la condujo de manera natural al vallenato.
Aunque su inicio en el género fue breve antes de integrarse a Las Chicas del Can, aquel contacto temprano dejó una marca que ahora se transforma en propósito; convertirse en una voz femenina que sume, proponga y conecte con un estilo propio dentro de un género mayoritariamente dominado por hombres.
“Conmigo siempre van a ver algo distinto. Me encanta respetar lo tradicional del folclor vallenato, pero también me atrevo a jugar, a fusionar, a explorar. Eso es lo que se viene en este nuevo álbum”, adelanta con seguridad.
Durante su presentación en el Ana María Campos —donde se unió a los músicos de La Cúpula Vallenata para un show vibrante— Sarabia mostró parte del camino recorrido en Colombia y dejó entrever lo que prepara para 2026. Colaboraciones, fusiones, parrandas y una colección de temas y covers que ya están disponibles en plataformas y que prometen hacer bailar “hasta al más aburrido”.
Sobre las colaboraciones, prefiere mantener el misterio, pero desliza una pista que enciende expectativas: la participación de un artista colombiano de peso. “No puedo contar detalles, pero sí puedo prometer que lo van a disfrutar y que va a valer la pena la espera”, afirma entre risas. También deja claro que su corazón sigue cercano al talento zuliano. Quiere grabar con artistas de la región y aportar al movimiento musical venezolano desde la autenticidad.
Esa palabra —autenticidad— aparece con fuerza cuando se le pide definirse en tres conceptos. Tras un instante de duda, responde. “Soy auténtica, transparente y disciplinada”. Lo explica con claridad: su esencia está en atreverse, en no imitar, en aceptarse sin miedo a ser diferente. Y de esa reflexión nace su mensaje más poderoso para las mujeres del vallenato y las artistas emergentes: avanzar sin temer al rechazo, a las críticas ni a las puertas cerradas.
“Las mujeres que interpretamos vallenato debemos seguir sin miedo. Los ‘no’ existen, el rechazo existe, pero la decisión de continuar también. Cada una de nosotras es única en su estilo”.
Más allá de los escenarios, Sarabia confiesa que con los años comprendió un significado más profundo del arte. “Antes pensaba que ser artista era fama, portadas, redes sociales. Hoy sé que ser artista es una responsabilidad enorme. Somos ejemplo para niños, jóvenes y adultos. Es una misión que va más allá del aplauso”.
En ese pensamiento se revela la verdadera dimensión de su camino. Una mujer que no solo canta, sino que entiende su oficio como una fuerza capaz de inspirar y elevar. Desde sus dos orígenes —el Caribe colombiano y la pasión zuliana— Mariangel Sarabia se abre paso como una voz que honra el folclor y, al mismo tiempo, empuja su evolución.
Su nueva era apenas comienza, pero ya tiene la profundidad, la fuerza y la autenticidad de una artista que decidió ser ella misma. Y eso, en un género construido sobre sentimientos reales, vale más que cualquier moda.
Johsué Morales
CNP: 24.302
Fotografías: Johsué Morales















