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La promesa del regreso: La Iglesia universal celebra la Solemnidad de la Ascensión del Señor

La Ascensión del Señor en este 2026 invita a la comunidad creyente a sacudirse el desánimo y el temor.

Hoy, en el marco del Séptimo Domingo de Pascua, la Iglesia católica se viste de fiesta para conmemorar uno de los misterios más gloriosos de la fe: la Ascensión del Señor Jesús al Reino de los Cielos. Cuarenta días después de romper las cadenas de la muerte en la Resurrección, Cristo corona su victoria terrenal elevándose hacia el Padre, cerrando así el ciclo redentor que inició con su Encarnación.

Sin embargo, la liturgia de este día recuerda que la partida de Jesús no es sinónimo de abandono, sino el preludio de una presencia aún más profunda a través del Espíritu Santo.

De la contemplación a la acción: «¿Qué hacéis mirando al cielo?»

El relato de los Hechos de los Apóstoles (Hch 1, 1-11) nos muestra a unos discípulos todavía desorientados, aferrados a la presencia física del Maestro y preguntando por la restauración política de Israel. Jesús, con ternura, sacude sus estructuras: no les toca a ellos conocer los tiempos del Padre, sino prepararse para recibir la fuerza del Paráclito.

Tras desaparecer entre las nubes, dos ángeles irrumpen en el éxtasis de los apóstoles con una pregunta que resuena hasta el día de hoy: «Galileos, ¿qué hacéis mirando al cielo?». Es una invitación directa a bajar la mirada a la tierra, a asumir la realidad y a comprender que el cielo no es un lugar de evasión, sino el destino de una misión que debe construirse en el día a día.

El mandato definitivo: «Vayan y enseñen a todas las naciones»

El Evangelio de San Mateo (Mt 28, 16-20) sitúa la escena en un monte de Galilea. A pesar de haber presenciado los más grandes milagros, el texto sagrado revela con honestidad la fragilidad humana: algunos dudaban.

Es precisamente en medio de esas dudas donde Jesús proclama su soberanía universal y dicta el gran mandato misionero de la Iglesia:

Anunciar: Llevar la Buena Nueva a todos los rincones de la tierra.

Santificar: Bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Acompañar: Enseñar a cumplir lo mandado, bajo la promesa más reconfortante de la historia: «Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo».

Un eco en el tiempo

Esta solemnidad nos recuerda la reflexión que el Papa San Juan Pablo II hiciera en el año 2000, definiendo este momento como un acto supremo de «revelación, reconocimiento y misión».

La Ascensión del Señor en este 2026 invita a la comunidad creyente a sacudirse el desánimo y el temor. La partida de Cristo al cielo es, en realidad, el inicio de la era de la Iglesia; un llamado a ser testigos activos de su amor y su justicia en un mundo que necesita, hoy más que nunca, recordar que no está solo.

Aciprensa- Relampago Zuliano.

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