Tras lograr recuperar los restos de Víctor Hugo, Carmen Teresa Navas pudo ofrecerle una sepultura digna en una ceremonia íntima y privada. Diez días después, como si su propio cuerpo hubiese esperado el cumplimiento de esa última promesa de amor y justicia, la luz de esta madre incansable también se apagó.
Hay despedidas que exigen el último aliento de vida. Carmen Teresa Navas, de 82 años, falleció este domingo 17 de mayo. Su deceso ocurre apenas diez días después de haber logrado lo que parecía imposible tras 16 meses de un desgarrador localizar, exhumar e identificar los restos de su hijo, el preso político Víctor Hugo Quero, quien murió bajo custodia del Estado venezolano en un contexto de absoluto silencio oficial.
La historia de doña Carmen no solo retrata el inquebrantable amor de una madre, sino que deja al descubierto las profundas fallas e incongruencias del sistema penitenciario y judicial del país.
El origen: Una detención fortuita y el inicio del silencio
La pesadilla comenzó el 1 de enero de 2025 en Caracas. Víctor Hugo Quero, de 51 años, fue arrestado en una plaza comercial mientras compraba bombones. Poco después, fue trasladado al centro penitenciario El Rodeo I. Allí, según las versiones oficiales que salieron a la luz meses más tarde, Quero enfermó gravemente, fue trasladado a un centro de salud y falleció el 24 de julio de 2025. Seis días después, el 30 de julio, fue sepultado de forma anónima en una tumba compartida (fosa común).
El Ministerio para el Servicio Penitenciario justificó el hecho alegando que el detenido supuestamente no aportó datos de contacto de sus familiares y que nadie acudió a las instalaciones a solicitar visitas formales.
Sin embargo, el argumento gubernamental se desmorona ante los propios registros del Estado. Mientras doña Carmen recorría prisiones, ministerios y tribunales exigiendo respuestas, las instituciones se contradecían entre sí:
Julio de 2025: Víctor Hugo Quero fallece y es enterrado en una fosa común.
Octubre de 2025 (Tres meses después de su muerte): La Defensoría del Pueblo, basándose en informes de la Fiscalía General, emitió un documento asegurando formalmente que Quero permanecía recluido y con vida en las instalaciones de Rodeo I.
Esta alarmante incongruencia obligó a mantener una búsqueda ciega e inútil durante meses, desgastando la ya frágil salud de una mujer de más de 80 años.
Un grito de justicia antes del final
La verdad salió a la luz gracias a la presión incansable. Tras el reconocimiento de la muerte por parte del gobierno interino de Delcy Rodríguez, el Ministerio Público abrió una investigación y ordenó la exhumación del cuerpo. El pasado 7 de mayo de 2026, tras casi diez meses sepultado en una tumba común, doña Carmen pudo ver el cuerpo de su hijo para una autopsia y confirmar su identidad.
Devastada por el hallazgo, pero con una dignidad inquebrantable, la anciana usó sus últimas apariciones públicas para alzar la voz por los que aún quedan tras las rejas. En declaraciones ofrecidas a la periodista Maryorin Méndez —quien confirmó el fallecimiento de Navas—, doña Carmen clamó por el destino de otros jóvenes:
«La juventud que está metida en esas cárceles, en esos subterráneos… que tengan piedad y misericordia de esas criaturas. Yo no tengo nada de declaraciones, porque me mataron a mi hijo. Nunca me dejaron verlo; el dolor de una madre no se lo deseo a nadie».
El descanso de ambos
Tras lograr recuperar los restos de Víctor Hugo, Carmen Teresa Navas pudo ofrecerle una sepultura digna en una ceremonia íntima y privada. Diez días después, como si su propio cuerpo hubiese esperado el cumplimiento de esa última promesa de amor y justicia, la luz de esta madre incansable también se apagó. Su historia queda como un doloroso expediente del costo humano que sufren las familias de los prisioneros políticos en Venezuela.
El Regional del Zulia-Relampago Zuliano.















